
Fuimos obligados a crecer. No nos preguntaron antes de arrebatarnos nuestros juguetes, no supimos cómo hicieron desaparecer los duendes de nuestras cabezas. Nos confirmaron que los príncipes azules no exístian. Nosotros, aturdidos nos aferramos a los cuentos de todas las noches. Consiguieron que como todos los soñadores confundieramos el desencanto con la verdad.
Pues yo sigo creyendo en las princesas en sus castillos.
ResponderEliminarAh, se me olvidaba, y sobre todo sigo creyendo en los lobos feroces.
ResponderEliminarYo sigo soñando con el corazón aun a pesar de saber que nada de lo que creía es cierto...
ResponderEliminarMe niego a rendirme a la realidad, seguiré creyendo en todo lo que me hace tener ganas de seguir adelante, porque mientras yo (y más gente como yo) crea en ello...existirá.